El diente de león: La "maleza" que puede mejorar tu salud

Descubre el diente de león: ¡de maleza a medicina! Propiedades, recetas y consejos para usarlo en casa. ¡Sorpréndete con esta planta!


Ayer estaba limpiando mi jardín cuando mi tia me dijo "¡No toques esas plantas amarillas! Son medicina pura". Me quedé mirándola con cara de no entender nada. ¿Las malezas que llevo años arrancando tienen propiedades medicinales? Pues resulta que sí. Mi tia, como siempre, tenía razón.


No soy médico ni herbolario, solo un tipo curioso que ha investigado sobre esta planta después de la reprimenda de su abuela. Quiero contarte lo que he descubierto sobre el dichoso diente de león y cómo he empezado a usarlo en casa. Si eres escéptico, te entiendo. Yo también lo era.


¿Cómo demonios sé que es un diente de león?

Antes de empezar a comerme cualquier cosa del jardín, tenía que estar seguro de qué planta estábamos hablando. Mi primera confusión fue con los cardos, que también tienen flores amarillas pero son otra cosa completamente distinta (y pinchudos, para más señas).


Después de equivocarme un par de veces y recibir otra regañina de mi abuela, aprendí a reconocer el auténtico diente de león:


Las hojas son inconfundibles: Crecen desde el suelo formando una roseta y tienen bordes con picos que parecen... bueno, dientes. De ahí viene el nombre. No tienen pelitos ni pinchos.


Las flores amarillas: Son de un amarillo chillón que casi duele a la vista, sostenidas por un único tallo sin ramificaciones. Mi hijo las llama "soles pequeñitos". Luego se convierten en esas bolas blancas que todos hemos soplado alguna vez.


El tallo tiene truco: Si lo rompes, sale un líquido blanco pegajoso que puede mancharte los dedos. Mi abuela dice que ese jugo sirve para quitar verrugas, pero eso ya no lo he probado.


Crecen prácticamente en cualquier sitio: En mi jardín aparecen entre las baldosas, en el césped, en las macetas... son como esos invitados que llegan sin invitación pero traen buen vino.


Lo más importante que aprendí es dónde NO recogerlos: nunca de bordes de carreteras (están llenos de plomo y porquerías), ni de parques públicos donde echan herbicidas, ni de zonas donde pasean perros (no hace falta que explique por qué).


¿Por qué mi Tia adora esta planta?

Al principio pensé que era otro de esos remedios de la abuela sin fundamento, como poner una cebolla en la mesita de noche para los resfriados. Pero después de leer un montón y preguntar a un amigo que estudia botánica, tengo que admitir que el diente de león no está nada mal:


Está cargadito de vitaminas: Especialmente A y C. Mi abuela siempre dice "más vitamina A que las zanahorias", y parece que no exagera tanto.


Te hace ir al baño... mucho: No es el tema más elegante, pero el diente de león funciona como diurético natural. Mi tío, que tiene problemas de retención de líquidos, jura y perjura que le funciona mejor que las pastillas.


Ayuda a la digestión: La primera vez que hice una ensalada con dientes de león coincidió con una barbacoa familiar donde me pasé tres pueblos comiendo. Sorprendentemente, no acabé tirado en el sofá con la típica modorra post-carne.


Alivia inflamaciones: Mi vecina Rosa tiene artritis y me dijo que desde que toma té de diente de león nota menos dolor por las mañanas. Obviamente sigue tomando su medicación, no es mágico.


Refuerza el sistema inmune: Con todo lo que hemos pasado estos años con virus y demás, cualquier ayudita es bienvenida.


Claro que no es ninguna panacea milagrosa. No esperes tomarte un té y curarte de todo. Pero como complemento a una vida saludable, parece que funciona bastante bien. A mí me ha ayudado con las digestiones pesadas y creo que me siento con más energía, aunque podría ser sugestión.


Cómo demonios me como esto

La primera vez que probé una hoja cruda de diente de león casi la escupo. Sabe amarga que te mueres. Pero hay formas de hacerla más llevadera:


Ensalada que no sabe a campo

Después de varios intentos, he dado con una receta que hasta mi hijo (que odia las verduras) se come sin protestar:


Recoge las hojas más jóvenes: Son más pequeñas y tiernas. Las grandotas saben a rayos. La mejor época es principios de primavera, antes de que florezcan.


Lávalas como si no hubiera mañana: Yo las remojo en agua con vinagre durante un cuarto de hora. Primero, por higiene. Segundo, porque reduce un poco el amargor.


Mi receta comodín:


Mezclo unas pocas hojas de diente de león con otras lechugas más suaves


Le echo trocitos de pera o manzana para contrarrestar el amargor


Añado nueces y pasas para darle un toque dulce


Aliño con aceite de oliva, un chorrito de limón y una pizca de miel


A veces le pongo un poco de queso curado rallado por encima


El truco está en no pasarse con la cantidad de diente de león al principio. Ve aumentando poco a poco según te acostumbres al sabor.


El famoso té que toma mi abuela


Mi abuela lo toma cada mañana. Dice que es su secreto para estar tan espabilada a sus 87 años (eso y el carajillo de después de comer, supongo).


Con las raíces (versión fuerte):

Arranca toda la planta con raíz incluida. Necesitas una palita o un destornillador grande.


Limpia bien las raíces de tierra. Son un engorro de limpiar, no te voy a engañar.


Córtalas en trocitos y tuéstalas en una sartén (sin aceite) hasta que se oscurezcan un poco.


Hierve una cucharada en agua durante 10 minutos.


Cuélalo bien porque queda arenilla.


Sabe un poco a café barato, pero te espabila por la mañana. Mi abuela le echa una cucharadita de miel y dice que así está buenísimo (mi abuela le echa miel hasta al gazpacho, así que no me fío mucho).


Con hojas (versión suave):


Coge un puñado de hojas frescas, lávalas bien.


Échalas en una taza y vierte agua hirviendo encima.


Déjalo reposar 5 minutos, no más o sabe a demonios.


Un chorrito de limón le va de lujo.


Esta versión es más refrescante y menos intensa. En verano la hago con más cantidad de hojas y la meto en la nevera. Con hielo está sorprendentemente buena.


Antes de lanzarte como loco a por dientes de león


Vale, ahora que estás emocionado pensando en llenar tu casa de dientes de león, unas advertencias importantes que me hubiera gustado saber antes:


Algunas personas son alérgicas: Si eres alérgico al polen, a las margaritas o a plantas de la familia de las compuestas, ve con cuidado. Mi cuñado es alérgico al polen y le salió una roncha solo de tocar las flores.


Ojo con los medicamentos: Si tomas diuréticos, litio o anticoagulantes, consulta con tu médico antes. Una amiga enfermera me advirtió que el diente de león puede potenciar el efecto de ciertos medicamentos. No es cosa de broma.


La calidad importa: Como te decía antes, no recojas cualquier planta de cualquier sitio. Asegúrate de que vienen de lugares limpios y libres de químicos.


Empieza despacio: La primera vez que hice té de raíz me preparé un puchero entero y me lo bebí de una sentada. Pasé la tarde haciendo carreras al baño. Con una taza pequeña es suficiente para empezar.


No es para todos: Mi mujer no puede ni olerlo, le produce acidez. Cada cuerpo es un mundo.


Y lo más importante: si estás embarazada, en periodo de lactancia o tienes alguna enfermedad del hígado o riñones, mejor déjalo estar o consúltalo primero con tu médico. No quiero ser responsable de que nadie se ponga malo por culpa de mis consejos de aficionado.


Mi rollo personal con las plantas silvestres

Desde que empecé con esto del diente de león, se me ha ido un poco la cabeza con las plantas silvestres comestibles. Ahora salgo al campo con una navajita y una bolsa, y mi mujer ya no sabe si voy a volver con setas, espárragos silvestres o un ramo de hierbajos.


Lo más curioso es cómo ha cambiado mi perspectiva. Antes veía un campo lleno de malas hierbas; ahora veo una despensa gratuita. El otro día estaba en el jardín de un restaurante carísimo y reconocí tres tipos de plantas comestibles entre sus setos ornamentales. Me dieron ganas de sacar la navaja y "servirme" un entrante.


Lo mejor ha sido enseñárselo a mi hijo. El crío ahora va a casa de sus amigos y les suelta peroratas sobre las propiedades de las plantas que tienen en el jardín. La madre de su mejor amigo me llamó preocupada porque el niño se estaba comiendo sus flores. Tuve que explicarle todo el rollo y acabó pidiéndome que le enseñara más sobre plantas comestibles.


En fin, que de una "mala hierba" he sacado un hobby, he mejorado mi digestión y he conseguido que mi hijo coma algo verde sin protestar. No está mal para ser una planta que la mayoría de la gente arranca y tira a la basura.


¿Has probado alguna vez el diente de león? ¿O tienes alguna otra planta silvestre que uses en casa? Cuéntame tu experiencia, que esto del forrajeo urbano es un mundo y seguro que puedo aprender mucho de tus consejos.


No soy médico, ni herbolario, ni nada que se le parezca. Solo un tipo normal compartiendo su experiencia personal con esta planta. Si tienes dudas médicas, por favor, consulta con un profesional de verdad preferiblemente con su Doctor, no con un aficionado en internet.


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Redacion: Comunicador en Red


Con informacion de: Healthline

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