Aviso importante: El contenido de este artículo tiene únicamente fines informativos y no debe considerarse un sustituto de la orientación médica profesional. Si estás pensando en utilizar Aloe o cualquier otro remedio natural, es fundamental que primero consultes con tu médico, sobre todo si padeces alguna condición de salud existente.
Llevo años lidiando con alergias horribles. Sí, HORRIBLES con mayúsculas. Esas que te hacen preguntarte si alguna vez volverás a respirar normalmente.
Todo empezó cuando tenía 17 años. De repente, cada primavera se convertía en una pesadilla. Mi nariz no paraba de gotear, mis ojos parecían dos tomates y mi piel... bueno, mejor ni hablar de eso.
Probé DE TODO. Pastillas que me dejaban zombie todo el día (esas que dicen "no produce sueño" pero te quedas dormido hasta en las reuniones de trabajo). Sprays nasales que sabían a químicos. Cremas que me dejaban la piel pegajosa. Nada funcionaba del todo bien.
Hasta que un día, mi vecina Lola (esa señora que siempre tiene remedios para todo) me vio estornudando sin parar mientras regaba las plantas del jardín comunitario.
"¿Otra vez con alergias, muchacho? Tengo algo que te va a cambiar la vida", me dijo.
Me esperaba otro remedio raro de los suyos (como aquella vez que me recomendó hacer gárgaras con agua de tomillo y limón para el dolor de garganta... que por cierto, funcionó). Pero no, esta vez sacó unas tijeras, fue a su balcón y cortó un trozo de una planta de aloe vera que tenía allí.
"Toma, ábrela y ponte el gel en la cara. Y mañana vienes a por más", me ordenó con esa autoridad de abuela que no admite negativas.
Mi primer encuentro con el aloe vera
¿Les digo la verdad? Pensé que estaba loca. ¿Ponerme baba de planta en la cara? Pero estaba tan desesperado que lo intenté esa noche.
La sensación fue INCREÍBLE. Ese frescor inmediato, como si alguien hubiera apagado el interruptor del picor. Dormí del tirón por primera vez en semanas.
Al día siguiente volví a casa de Lola (cómo no) y me explicó todo sobre esta planta mientras me regalaba un pequeño retoño.
"Es tu farmacia personal ahora, cuídala bien", me dijo.
Mi relación amor-odio con el cultivo del aloe
Tengo que confesar algo: he matado 3 plantas de aloe vera. Sí, esas plantas que supuestamente son "imposibles de matar". Yo lo conseguí.
La primera se me secó porque la puse en pleno sol de julio (resulta que aunque son plantas de climas cálidos, el sol directo y brutal no les gusta... ¿quién lo diría?).
La segunda se pudrió porque la regaba cada dos días (un error de novato, lo sé).
Y la tercera... bueno, digamos que mi gato tenía una opinión muy fuerte sobre dónde debía estar esa maceta.
Pero ahora, a la cuarta va la vencida. Tengo una planta hermosa que lleva conmigo ya casi 3 años. Estos son mis tips de supervivencia después de tantos fracasos:
Agua poca, muy poca. Yo la riego cada 10-15 días y en verano quizás una vez por semana si hace mucho calor.
Luz sí, sol directo no. La tengo en una ventana que da al este.
Maceta con agujeros. FUNDAMENTAL.
Tierra específica para cactus (aprendí esto después de la segunda planta fallecida).
Cómo uso el aloe contra las alergias (mis trucos caseros)
Después de mucho experimentar (y algún que otro desastre), estas son las formas en que uso el aloe para combatir mis alergias:
1. El gel fresco directo a la cara
Cuando tengo un brote fuerte, corto una hoja pequeña, la abro por la mitad y me froto suavemente el gel en las zonas irritadas. Mis mejillas, alrededor de la nariz (que se me pone como Rudolph el reno), y en los párpados si están hinchados.
No lo enjuago, dejo que se seque solo. Sí, quedas un poco pegajoso, pero el alivio merece la pena. Lo hago antes de dormir y al despertar.
2. Mi spray nasal casero
¡OJO! Esto NO es un consejo médico. Es solo lo que yo hago:
Mezclo un poquito de gel de aloe (como una cucharadita pequeña) con agua destilada tibia (unos 100ml) y un pelín de sal. Lo pongo en un bote con spray y me lo echo en la nariz cuando está muy irritada.
La primera vez escuece un poco, no te voy a mentir. Pero después se siente genial. Mi otorrino puso los ojos en blanco cuando se lo conté, pero luego admitió que mientras lo mantuviera todo limpio, no debería causar problemas.
3. Mascarilla facial de aloe
Cuando el polen ataca y mi piel parece un mapa de carreteras, hago una mascarilla con:
Gel de una hoja mediana de aloe
Una cucharada de miel (la más natural posible)
Unas gotas de aceite de almendras
Lo mezclo todo, me lo pongo en la cara y me tumbo 20 minutos viendo alguna serie. Me lo quito con agua tibia y mi piel respira por fin.
4. El batido "anti-polen"
En épocas de alergia fuerte, me hago un batido con:
Medio vaso de agua
Una cucharada de gel de aloe (sin la parte verde, solo el gel transparente)
Media manzana
Un trozo de jengibre
Zumo de medio limón
Sabe... interesante. No voy a decir que está delicioso porque estaría mintiendo. Pero me ayuda a sentirme mejor, así que me lo tomo igual.
Lo que nadie te cuenta sobre el aloe vera
Vamos a ser sinceros, no todo es maravilloso:
El olor no es precisamente agradable. Es como una mezcla entre pepino y algo medicinal.
A veces mancha la ropa si no dejas que se seque bien.
La primera vez que cortas una hoja, sale un líquido amarillento que puede irritar la piel. EVÍTALO a toda costa.
No todas las partes de la planta son iguales. El gel del centro es lo que buscamos, no la parte verdosa externa.
Y lo más importante: aunque el aloe es mi salvavidas, sigo necesitando medicación en los días realmente malos. El aloe complementa, no sustituye.
Mi mayor metedura de pata con el aloe
Tengo que contarles esto porque me sigue haciendo gracia (ahora, en su momento no tanto).
Un día de desesperación alérgica, se me ocurrió la "brillante" idea de ponerme gel de aloe en los ojos. SÍ, DENTRO DE LOS OJOS. Porque estaban tan irritados que pensé "si funciona en la piel, ¿por qué no?".
SPOILER: Fue una idea TERRIBLE. El escozor fue tan brutal que estuve 10 minutos con la cabeza bajo el grifo, llorando como si me hubiera pasado toda la noche viendo "Titanic".
Lección aprendida: el aloe es genial, pero no va en todas partes. Respeto a las mucosas, gente.
¿Merece la pena probar el aloe vera?
A mí me ha cambiado la vida. Y no, no estoy exagerando.
Pasé de tomar antihistamínicos todos los días durante los meses de primavera a necesitarlos solo ocasionalmente. Mi piel está mucho más tranquila, y puedo salir a la calle en abril sin parecer que me he metido en una pelea con un gato.
Pero sé que cada cuerpo es un mundo. Lo que funciona para mí podría no funcionar para ti.
Si tienes alergias severas o problemas respiratorios serios, habla con tu médico antes de probar nada nuevo. Y si decides probar el aloe, hazlo primero en una zona pequeña de piel para ver cómo reaccionas.
Y tú, ¿has probado el aloe vera para las alergias? ¿O tienes algún otro remedio casero que te funcione? ¡Me encantaría conocer tu experiencia!
PD: Lola, mi vecina, sigue diciéndome que le debo una botella de anís por haberme cambiado la vida con su planta. Y tiene toda la razón.
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Redacion: Comunicador en Red

